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Cuando el líder de los siervos de Dios, un descendiente
árabe del Profeta Ismael el hijo de Abraham, el siervo
llamado Muhammad hijo de Abdullah Parte de los signos que vio fue que en el día, cuando caminaba, escuchaba a las piedras y la tierra que le saludaban diciéndole: ¡La Paz sea contigo, Oh Mensajero de Dios!. De noche, en sus sueños, veía criaturas magníficas que se le acercaban y en particular se le acercaba un ser luminoso (que pocos días luego se le presentaría de nuevo físicamente) era inmenso, con una belleza que superaba lo imaginable, sus pies abarcaban la tierra y su rostro se perdía en la altura desconocida del Cielo. Allí, en la oscuridad de dicha cueva, un lunes del mes
de Ramadán (el noveno mes del calendario lunar islámico)
en el año 611 ec, el Señor de los Cielos y la Tierra,
Dios, glorificado sea, abrió una puerta al corazón
de su amado siervo Muhammad Súbitamente, interrumpiendo su meditación y sus
reflexiones, por órdenes de Dios el gran Arcángel
Gabriel, la paz sea con él, vino cubriendo con su presencia
todo el horizonte, se apareció físicamente delante
de Muhammad
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Así descendieron las cinco primeras líneas del Sagrado Corán, la Palabra Eterna de Allah. Los cinco primeros versísulos del último Libro Sagrado de la humanidad. El Sagrado Corán, con un total final de
6,236 ayats ('signos' de Dios, o versículos), fue enviado
al Profeta Muhammad Poco a poco, a lo largo de esos años, la
comunidad del último de los Mensajeros de Dios Los ayats del Corán contienen una guía espiritual para la purificación del corazón del ser humano, unas enseñanzas (las enseñanzas del mismo Dios) acerca de Dios, los Profetas, los ángeles, el mundo, las criaturas, las naciones del pasado, la historia humana, leyes para la forma recta de adorar a Dios, leyes para la sociedad humana en todos sus aspectos posibles (leyes matrimoniales, civiles, comerciales, judiciales, etc). Es una Guía completa para el ser humano hasta el Día del Juicio, en la que todo asunto importante para el hombre ha sido clarificado por el Señor Altísimo. La Sabiduría de Dios que muestra el camino a seguir en toda circunstancia. |
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El Sagrado Corán se compone de 114 suras ('formas' o capítulos). Las suras se componen de ayats ('signos') o versículos. Las 114 suras y las 6,236 ayats o versículos que contienen no han sido ordenadas ni en orden cronológico ni en orden temático. Es decir, que en un mismo capítulo pueden haber versículos sobre temas distintos y que descendieron en muy distintas oportunidades. El orden del Corán, tal como se aprende
y recita en todo el mundo, no fue fijado siguiendo un criterio cronológico
o temático, sino que responde a un
criterio divino. El Arcángel Gabriel,
por mandato de Dios, una vez que terminaron de descender todos los
sagrados versículos, recitó el Corán entero
en el orden en que lo conocemos hoy en día ante el mismo
Profeta Muhammad El Sagrado Corán es, ante todo, una recitación.
Descendió no sólo como palabras sueltas, sino como
una recitación, con una cadencia y modalidad de habla rítmica
(tajweed) que fue enseñada por el Profeta Muhammad Durante la vida del Profeta Y antes de que pasaran escasamente dos años
tras la muerte del Mensajero de Dios Esto es un caso único en la historia de las religiones, pues a diferencia del Sagrado Corán, ninguno de los otros Libros Sagrados recibió tanto cuidado en ser preservado intacto y sin alterar. En el caso del judaísmo, la Torah (el Pentateuco del Antiguo Testamento) que fue revelado al Profeta Moisés, la paz sea con él, o los Salmos revelados al Profeta David, la paz sea con él, no fueron puestos por escrito sino hasta muchos cientos de años después de la muerte de esos Profetas, y por generaciones muy posteriores que introdujeron con el paso del tiempo muchas cosas que no fueron la revelación inicial que Dios envió a esos Profetas. En el caso del cristianismo, las Palabras Sagradas que recibió en Revelación Jesucristo nunca fueron puestas por escrito. Ninguno de los cuatro evangelios actuales fueron escritos por discípulos suyos, y lo que es peor, evangelios importantísimos como los escritos por Pedro o Santiago, que sí fueron de los más íntimos discípulos de Jesucristo, fueron quemados y condenados por la iglesia cristiana apoyada por el poder romano y hoy quedan de esos evangelios fragmentos muy escasos. Pero el Evangelio de Jesús según el mismo Jesús (el Inyil) nunca fue puesto por escrito. La compilación escrita del Sagrado Corán
en un solo texto, ordenada por Abu Bakr as-Sidq a menos de dos años
después del fallecimiento del Mensajero de Dios Finalmente el Califa Uthman ibn Affan, que también
fue uno de los Compañeros más leales e íntimos
del Mensajero de Dios |
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El Corán es la Palabra Eterna de Allah, de Dios Altísimo. Por tanto, siendo el Habla misma de Dios, Dios hablando, no es algo creado . Más bien Dios es el Creador de todo. La Palabra de Allah no sólo es increada, sino que no tiene ningún límite impuesto por formas. Es Eterna, más allá de todo sonido o forma que podemos concebir, más allá de toda limitación vocal. Las Palabras humanas se escuchan una detrás de otra, tienen sonidos propios, distintos a otros sonidos, se escucha una, después cesa la primera palabra y se escucha otra, el habla del ser humano se desarrolla en el tiempo y en el espacio, tiene los límites de este mundo. Pero el Habla de Dios, Dios mismo Hablando, está completamente por encima de todo límite. Por eso, el Sagrado Corán es Divino, Eterno, Increado, Más Allá de toda Forma, Supremo, Infalible. Pero para poder ser comunicada al ser humano, la Palabra de Dios debe atravesar el mundo de las formas y límites y ser entregada de una forma que el hombre pueda reconocer, escuchar, aprender y transmitir a otros. La manera en que se recibe esa Palabra en un idioma de este mundo no es una manera casual o arbitraria. No. La manera de expresar en palabras de nuestro mundo la Palabra Eterna de Dios es una forma perfecta de reflejar aquí esa Palabra Increada y Suprema. Por eso, las palabras que pronunció por
mandato de Dios el Arcángel Gabriel, la paz sea con él,
a nuestro amado Profeta Precisamente por ello, el Corán tiene múltiples
significados (a varios niveles, tanto visibles, sensibles como espirituales,
divinos) que se superponen a la vez, completándose mutuamente
como un árbol de significados que crece bajo las semillas
de las palabras iniciales. Y en todos los casos, en todas y cada
una de sus palabras, el Sagrado Corán es, por un lado, testimonio
y luz de la Sabiduría Divina y, por otro lado, testimonio
e iluminación de la condición de Profeta santo que
tuvo el Mensajero de Dios, Muhammad Por eso, si bien las palabras del Corán transmiten una sabiduría y un conjunto de enseñanzas incluso con su simple lectura para cualquiera que lo lea, la enseñanza recta y plena del Corán: - No puede conocerse a fondo si no se conoce el significado del árabe original en que descendió el versículo (que es distinto en muchos casos en mayor o menor medida al árabe actual), y también si no se conoce el contexto y la ocasión en que descendió cada versísulo del Corán. - No puede conocerse tampoco si no se conoce a
fondo la enseñanza del Profeta - Sólo se conoce en la medida en que se purifica el corazón del que lo estudia. Cada cual, según la pureza de su corazón, tendrá un nivel de conocimiento del Corán. Y por encima de cada conocedor, hay un conocedor mayor. Sólo los corazones plenamente purificados pueden acceder a la Palabra Increada de Dios que resuena desde antes de la eternidad y por toda la eternidad en el Sagrado y Sublime Divino Corán. De allí que ninguna traducción puede asemejarse al verdadero Corán. Las traducciones sólo pueden ayudarnos, con mayor o menor acierto, a captar un poco del significado más externo y visible del Sagrado Corán pero toda traducción, además de las conocidas limitaciones que tiene en cuanto al significado original que pretende transmitir, pierde en este caso el elemento divinamente previsto de la recitación sagrada con que descendió a nuestro mundo la Palabra Increada de Dios. Así, para conocer las leyes divinas del Islam (la Sharia) que emana del Corán, es necesario haber estudiado ampliamente diversas áreas del conocimiento en el Islam, tarea que llevan a cabo los hombres de conocimiento entrenados para esta labor. Asimismo, en cuanto al conocimiento cierto de las realidades espirituales inmensas del Sagrado Corán, es preciso haber purificado en gran medida el corazón, el espíritu, y haberse convertido en siervo auténtico de Dios. Los siervos más puros de Dios, los grandes awliya (amigos íntimos de Dios o santos-gnósticos en el Islam) han dicho o escrito a veces comentarios de algunas frases del Corán donde se puede ver el enorme alcance y variedad de significados complementarios entre sí que puede tener incluso a veces una sola palabra del Corán. Uno de estos awliya, natural de Marruecos fallecido
en 1971, fue Shaykh Muhammad ibn al Habib (que Dios esté
complacido con él). Este shaykh le preguntó una vez
a un hombre joven: '¿Has leído alguna vez el Corán?'.
Respondió el hombre: 'Bueno, tengo varias traducciones, e
intento seguir entre todas ellas su significado'. Grandshaykh Abdullah al-Faizi ad-Daghestani (1891-1973), que Dios esté complacido con él, el Sultán de los awliya de su época y el Maestro de Mawlana Shaykh Nazim, dijo una vez, en referencia a nueve muy grandes awliya de toda la historia del Islam:
Grandshaykh Abdullah, que Dios nos beneficie por medio de él, hablaba por experiencia propia. Dice Allah Altísimo, glorificado sea, en el Sagrado Corán:
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| Presentamos a continuación la recitación (junto con el texto) de algunas suras o capítulos del Corán. Se puede escuchar la recitación y a la vez leer el texto traducido al español, el texto transliterado (es decir, el sonido del árabe como se escribiría en español) y el texto propiamente en árabe (sólo este último puede considerarse en verdad como el texto del Sagrado Corán). Las suras son recitadas por el Sultán de los amigos íntimos de Dios de esta época, un conocedor firme del Imenso y Sagrado Corán, Mawlana Shaykh Nazim al Haqqani.
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